Tuesday, October 31, 2006

La tonta historia de un loco...

Tan, pero tan contento corría aquel día por los caminos de la supuesta llanura, que no miro hacia atrás y se animo a jugar con el tiempo. Es lógico pensar que el tiempo, tan miserable y cruel, decidiera jugar, y miro con lastima al pobre iluso que corría sin pensar en nada mas que llegar hasta el final de su eterno camino. Una pequeña piedra (muy pequeña) fue la primera en chocar, claro, ni la vio, ni siquiera se la imaginó, y no fue hasta chocar con la piedra numero cien que se dio cuenta de que su paisaje ya no lucía los mismos colores brillantes y nítidos que él sabía ver. No habrás pensado que el tiempo lo iba a dejar correr por ese camino tan rápido, pero no fue él, el culpable de los choques, ni siquiera de lo que se esperaba. Dejó de correr y se acostó debajo de un tupido árbol verde que estaba en la orilla del camino. Que desgracia. El refucilo lo despertó y nada era como el lo conocía, todo el paisaje era blanco y negro y los rayos se veían en todas las direcciones. Más miedo que todo ese frío paisaje, le daba una ausencia, una ausencia que no sabía de donde provenía. Para que se habrá gastado esos tres días y medio pensando que era lo perdido si en el mismo momento que dejó de pensar se dio cuenta que no había perdido nada más que la propia cordura. El pobre loco ya no podía correr, y no veía más que unas cuantas sombras y una densa neblina. Con la cabeza baja durante un largo tiempo, el loco miró al cielo solo para relajar los músculos cansados del cuello. Todo era tan raro, ya ni se acordaba cuando paso, ya no sabía adonde, ni con quien iba. Cayó el sol y con él otro día había acabado infelizmente, ya no había caso, ya nada tenía sentido, débilmente se dejo caer y quedo tirado durante dos días con los ojos abierto mirando esas nubes negras que contrastaban con el cielo blanco de una fría siesta. No es que el pobre loco no tenga fuerzas para levantarse, le dijo el tiempo a un viejo y flaco perro que había estado casi quince años caminando ida y vuelta por el mismo camino, nadie sabe por qué el tiempo no le indicaba donde estaba el final y donde el comienzo. El perro se acercó queriéndolo despertar, cuando observó que los ojos del loco estaban completamente abiertos. Que susto me diste, dijo el perro al loco que por primera vez en una semana iba a pronunciar una palabra. Se conocieron brevemente en cinco minutos y el loco siguió se rumbo incierto. Cómo el perro no iba a estar enojado con el tiempo, si solo le dio mas ganas de conocer alguna historia de aquel loco que nunca supo como vivir. El imponente tiempo no iba a permitir que el viejo perro le gritara de esa forma, así que decidió acabar con su tiempo de vida, también pudo acabar con el loco pero había algo que lo salvó (creo que se llama lástima). Un fuerte viento empujó al loco y le hizo abrir un poco mas los ojos, no se exactamente lo que fue eso, pero se dijo llamar destino, él es más flexible que el tiempo. Ya no tenía la mente tan en blanco, hasta pudo llegar a razonar algunas cosas muy simples. Con el paso acelerado decidió detenerse a preguntar que era lo que estaba ocurriendo. El destino se sentó al lado de una piedra y le dijo simplemente, te salvé la vida, o acaso no estas agradecido, el loco tardó en responder. Se quedaron hablando en el mismo lugar durante seis días. El destino sabía que el tiempo estaba confundido y no supo que hacer con ese loco que no tenía rumbo. Intrigado el loco le preguntó porque el tiempo no tenía destino, o porque al mismo destino no se le acaba el tiempo. No es sencillo pensar un porqué si no se sabe el para qué del destino y el tiempo, son dos elementos imprescindibles que no se pueden obviar, nadie se salva de nosotros, hasta después de la muerte. Era lógico que después de terminar de charlar con el destino, el loco (que ya no estaba tan loco) cayera sin vida. El destino, el tiempo y la locura se fueron caminando. Es confuso pensar en estos tres sujetos. Muchos piensan que el destino no es más que una locura, otros confunden al tiempo con el destino, pero yo no trato de pensar en eso, porque para mí el destino con el tiempo solo llevan a la locura.

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